EL CARTERO BUKOWSKI PDF

El ambiente familiar en el que crecio y el de su barrio tuvieron mucho que ver en este asunto. Charles Bukowski: frases acerca de la vida. Siempre me gusta decir que te tomes tu tiempo. Se trata de que aproveches el mensaje que cada uno de estos pensamientos nos brinda.

Author:Tejind Sazshura
Country:Yemen
Language:English (Spanish)
Genre:Video
Published (Last):19 September 2007
Pages:365
PDF File Size:7.22 Mb
ePub File Size:7.96 Mb
ISBN:136-4-14251-504-7
Downloads:8996
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Kagam



Hablaba y hablaba y hablaba. Solo y deseoso de aquel culo que tenia a mi lado. Iba con mi ropa habitual. Entonces me trasladaron a la estafeta de Oakford. A Jonstone le gustaba llevar camisas de color rojo oscuro, lo que significaba peligro y sangre. No echaba polvos, pero acababa hecho polvo. Todo gracias a Jonstone.

El empleado me dijo que esperara. Creo que el pobre tipo estaba realmente deseando matarme. Sin paga, por supuesto. Pero no dijo nada. No me importaba. Habla estado hasta las 2 de la madrugada bebiendo y follando con Betty. A todos los otros auxiliares se les habla asignado trabajo o hablan sido enviados a otras estafetas que necesitaban ayuda.

No hay nada hoy para ti. Mierda, no me importaba. Le dices al jefe que no te dan trabajo que hacer y que puedes ayudar como auxiliar especial. Incluso tenias tiempo para cenar. Era modista de vestidos sexy y camisones, y los usaba. Querido Sr.

Chinaski: Debe presentarse en la estafeta de Oakford inmediatamente. Jonstone, Superintendente de la estafeta de Oakford. Casas de apartamentos con innumerables buzones con los nombres medio borrados, o sin nombres siquiera, bajo la luz de miserables bombillitas en oscuros corredores.

La gente. Y los perros. Dejadme que os hable de los perros. Entonces di un paso completo lento, muy lento. Luego otro. Sus dientes chocaron, fallando por un pelo en seccionarme la yugular.

Una fila de retretes. Y duchas. Pero estaba oscuro. Todas las luces estaban apagadas. De vino. Pero al menos ya conozco un sitio donde cagar y ducharme cuando vengan malos tiempos. Con cualquier chubasco que durase un poco me quedaba empapado, calado hasta los huesos con los calzoncillos y calcetines mojados.

Yo no llamaba diciendo que estaba enfermo porque estaba demasiado cansado para pensar de forma cabal. Me enviaron a la estafeta de Wently. Mis pies ya estaban calados.

El jefe de Wently me puso delante de aquella caja. Quien lo hubiera concebido estaba loco. No importa, y una leche. La ruta comenzaba en la estafeta. El primero de doce viajes. Era el primer viaje y ya estaba agotado. Mis zapatos estaban empastrados de barro y pesaban como botas. Cada dos por tres pisaba algo resbaladizo y estaba a punto de caerme. Colina arriba era peor porque tenias que arrastrar tu propio peso.

Sin almuerzo. Me fui. Jonstone gana. Estaba a mitad de la cuesta. Habla una estufa funcionando. Sacado de viejos posos. La entrada de carteros estaba cerrada. El tipo no dijo nada. Hizo como si no hubiera pasado nada. Casi me dieron ganas de darle un beso. Como: Beecher a las p. Era una de esas lluvias continuas, no fuerte, pero que nunca paraba. Sin la carpeta era como un hombre perdido en el desierto.

Estaba perdido en la oscuridad y la lluvia. Era posible. La carpeta estaba pegada al salpicadero. Estaba oscuro. La carpeta. Me dieron ganas de besarla. No estaba perdido en los suburbios de ninguna parte. Pero quedaba mucho. Vi coches medio sumergidos y abandonados por todas partes. Muy bestia. Conozco esa zona. Oh, oh. Vayan a recogerla.

Nos vestimos y salimos. Ni un sonido. El agua llegaba a los guardabarros. Luego me puse a empujar el coche de Moto. Los zapatos, las camisas, los pantalones, la gorra. Moto estaba a mi lado. Me dijo: -Cogieron a Matthew ayer. Ha estado abriendo cartas para el Templo de Nekalayla y sacando dinero. Le sorprendieron abriendo cartas abajo en el retrete, sacando el dinero. Otros se ocupaban de enviar libros y panfletos escritos por Nekalayla, y su foto estaba en la pared, una gran foto con ropajes religiosos y larga barba.

La caja de Matthew fue asignada a un auxiliar. Al resto se les asignaron otros trabajos. Puse la carta en su mano. Le vi abrirla, caminar hacia el porche, abrir la puerta y entrar en su casa. Era un barrio residencial de verdad. Sin casas de apartamentos.

Hasta el tiempo era agradable. La vida, al fin, era soportable. Aquella gente ni siquiera tenia perros. Nadie se asomaba a esperar el correo. Tenia el pelo despeinado y erizado hacia afuera como si quisiera escapar de ella. Su boca colgaba abierta. Yo estaba metiendo la carta certificada de nuevo en la saca. Todas las persianas estaban bajadas. La carta estaba en el suelo.

JIVAKA SUTTA PDF

El cartero

.

BARCZ PRAWO GOSPODARCZE UNII EUROPEJSKIEJ PDF

Cartero (novela)

.

Related Articles