LOS DIAS DEL ARCO IRIS ANTONIO SKARMETA PDF

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Author:Nitilar Tautaur
Country:Belarus
Language:English (Spanish)
Genre:Finance
Published (Last):18 November 2007
Pages:496
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ISBN:331-5-14373-853-8
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Caminamos hasta la confitera Indianpolis y nos apoyamos en el mesn mirando las nalgas de la dependienta envuelta en una minifalda dos tallas ms chica que la que le corresponde. Cuando traen el caf humeante, el profesor pone las manos en la taza para entibiarlas, y yo le echo azcar en una cantidad que causara el reproche de Patricia Bettini.

Santos dice entonces, sta no es una situacin cmoda para m. No es mi culpa que me haya tocado justo usted en el curso donde su pap haca clases. Tampoco es culpa de mi pap. Acept el puesto no por complicar la vida de su padre, sino porque la vida debe seguir adelante.

Nuestros nios tienen que tener educacin, pase lo que pase. Una educacin tica digo. A m no me interesa qu ideas polticas haya tenido su padre. Bueno, nada muy especial. Su idea fundamental es luchar contra Pinochet.

Ve usted? No puede ser que su padre mezcle una situacin poltica como la que vive el pas con la filosofa de Platn, que vivi ms de dos mil aos antes. No s de qu me est hablando, profesor Valdivieso.

Veo que el telfono pblico del local acaba de desocuparse y aprieto la moneda dentro del bolsillo. El saca de su chaqueta un papel doblado y lo estira sobre el metal del mesn. Es un texto manuscrito. Lo lee en voz alta, pero acercndose a m en tono confidencial: As se puede decir que los chilenos en la dictadura de Pinochet somos como los prisioneros de la caverna de Platn. Mirando slo sombras de la realidad, engaados por una televisin envilecida, mientras que los hombres luminosos son encerrados en calabozos oscuros.

De dnde sac eso, maestro? Son los apuntes de clase de uno de sus compaeros de curso, Santos. El joven se lo entreg al rector. Doy con tanta fuerza vueltas la cucharilla dentro del caf que el lquido se desborda sobre el plato. Detrs de la cajera hay un pequeo estante con cigarrillos de todas las marcas.

Ah est tambin el tabaco negro que fuma mi padre. Si slo supiera dnde est le llevara una cajetilla. Espero, Santos, que no me guarde rencor por haber ocupado el puesto de su padre. No, de ningn modo, seor Valdivieso. Usted sabe que ste es el mejor colegio de Chile y que para un profesor joven entrar en l es un motivo de orgullo y un hito en su carrera profesional.

No se preocupe. Es que hubiera preferido haber entrado en otras condiciones. Por ejemplo, ganando un concurso de oposiciones y no haber sido designado por el dedo del seor rector.

Me llevo el pocillo a la boca y soplo el lquido. Est demasiado caliente an. Lo pongo sobre el mesn y devuelvo a la taza el caf que se ha derramado sobre el platillo.

Si usted no hubiera aceptado digo, cualquier otro habra tomado el trabajo. Ah est el problema, Santos. Antes que a m les ofrecieron el puesto al profesor Hughes y a la licenciada Ramrez. Por qu sonre, joven? Muy buena su clase de Aristteles, profesor Valdivieso. Mi padre es un gran hincha de la tica a Nicmaco. Por eso me dice Nico. Nicmaco hubiera sido como mucho. El hombre se saca los espejuelos John Lennon y se frota los prpados. No, maestro. Le ruego que no se preocupe. Yo estoy bien. Estoy la raja.

Pero cuando llamo finalmente por telfono no quedo bien, ni la raja. Los curas no saben en qu calabozo han metido al profesor Santos. En esa mescolanza que funda a empleados de banco, personal de tiendas, ejecutivos bancarios, secretarias sobremaquilladas, minifaldas cortas que provocaban en los hombres miradas largas, crea sentir la verdad de una comunidad destruida por la violencia.

Del centro, cada vino volva a su barrio, rico, de clase media, o a una poblacin de construcciones precarias. En el contacto fsico que les daba el centro se disolva ese pas tajantemente dividido. No habra otra entretencin para todos ellos en la noche que ver televisin.

All, si el dictador no cambiaba de juicio, en poco tiempo debera aparecer su programa de quince minutos convocando a esa masa derrotada, envuelta en abrigos gastados y chalinas hilachudas, para que votaran contra Pinochet. El silencio con que beban sus cafs express en el Hait y la mirada perdida con que resbalaban por las caderas de las mozas eran un buen indicio de apata. En la portada del diario de La Segunda destacaba el titular: Plebiscito el 5 de octubre.

Debajo de las letras verdes con el logo del diario saltaban las letras rojas. Pero nadie compraba el peridico. Slo l, que se detuvo en un subttulo marcado con negritas: Autorizada campaa del "No" en TV. Antes sola encontrar amigos del campo publicitario en ese caf. O periodistas. Ahora la mayora haba abandonado el pas y los amenos contertulios de otro tiempo discutan slo asuntos de ftbol o los vaivenes del tipo de cambio.

Estos seran algunos de los destinatarios de su campaa. Ms que inescrutables, sus rostros parecan tallados en la anonimia. No era miedo, sino la simple vida cotidiana exhausta de esperanzas.

Se tomaban el caf en un ritual lento slo para demorar la vuelta a la oficina, donde enfrentaran las pantallas de los ordenadores con cifras y productos ajenos. Eran ajenos. Ya no les concerna su propia vida. Volvi a casa muy tarde y sobre la mesa del escritorio estaba el mensaje de Magdalena: Calienta el guiso en el microondas, una botella de vino tinto sin abrir y una marraqueta algo dura.

Se sirvi un vaso de vino y sin golpear entr a la pieza de Patricia. En la penumbra percibi a su hija durmiendo con un brazo rodeando la almohada. Encendi la tenue luz del velador y estuvo un minuto contemplndola.

Quin le podra ensear cmo hacerla feliz? Apenas con trabajosos crditos pagaba las mensualidades de la Scuola Italiana. Le habl con voz suave: Patricia, despierta. La muchacha se sent abruptamente en el lecho. Pasa algo, pap? Perdona, hija. Pero tengo que preguntarte algo importante. Qu vas a votar en el plebiscito? Y para esta tontera me despierta, pap? Por favor, contstame. Qu alivio! Al menos una persona que va a votar No. No me has comprendido, pap. No es que vaya a votar No.

Lo que pasa es que no voy a votar. Bettini trag saliva. Dese tener a mano un vaso de agua. Por qu no? Eso ya lo hemos discutido mil veces en el colegio. Ahora quiero dormir. Es muy importante que me lo digas ahora. Por qu? Porque acabo de aceptar hacer la campaa de publicidad del No.

Ests loco, pap! En eso estamos de acuerdo. Ahora dime por qu no vas a votar.

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